La invisibilización de una realidad

Javier Abán

“Es solo una fase, ya te decidirás; qué prefieres: ¿hombres o mujeres?…” Estos son solo algunos de los comentarios a los que hacen frente a diario las personas bisexuales. A ello se suman comportamientos que los excluyen de la realidad social, llegando a considerarse invisibles para el resto del mundo. Pero… ¿qué es la bisexualidad? Desde hace unos años, hablar de sexualidad se ha convertido en algo frecuente entre la sociedad. Sin embargo, el desconocimiento y la falta de educación sexual generan controversia, como sucede con el caso concreto de los bisexuales.

Según la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales (FELGTB), la bisexualidad se define como una orientación sexual que pueden compartir hombres y mujeres cisexuales (personas cuyo sexo anatómico se corresponde con su identidad de género), transexuales, personas transgénero e intersexuales. Al contrario de otras acepciones existentes, esta propuesta resulta más centrada y concreta. Robyn Ochs, activista bisexual, interpreta la bisexualidad como la capacidad de sentir una atracción romántico, afectiva o sexual por personas de más de un género. Además incluye nuevos aspectos, como la temporalidad o la intensidad con la que esta se vive. Por su parte, en cuestión de términos, la Real Academia Española ofrece una de las opciones más difusas existentes, entendiendo a las personas bisexuales como hermafroditas o aquellas que tienen relaciones tanto heterosexuales como homosexuales.

La realidad bisexual vive un momento convulso. La sociedad española considera indecisas a estas personas frente a su identidad y espera que, eventualmente, se decanten por la heterosexualidad o la homosexualidad, cerrando la puerta a cualquier tipo de diversidad. Es frecuente encontrar en los medios comportamientos propios de personas bisexuales. Sin embargo, se omite el término ofreciendo alternativas que distorsionan la realidad. Esto fomenta los estereotipos y la bifobia, que se interpreta como la omisión, negación, invisibilización, marginación y exclusión de las personas bisexuales. Según apuntan algunos sexólogos, las etiquetas que existen son necesarias para ciertas personas, siempre y cuando se adapten a su situación y realidad. Hay que tener en cuenta que, cada persona, independientemente de su orientación, vive su sexualidad a su manera.

Freddie Mercury Estatua tributo
Freddie Mercury

Las historias que se cuentan ayudan, en especial, en el ámbito de la visibilización. Como cada persona vive las situaciones con diversas peculiaridades, no existe una única que se pueda considerar como guía. Esto se aplica a todas y cada una de las orientaciones. Sin embargo, el espectro que se maneja es muy amplio. Algunos psicólogos coinciden en identificarlo en un flujo, adoptando así el sentido que le da, por ejemplo, Robyn Ochs. Figuras como la suya son importantes, ya que ayudan en la tarea de construir un imaginario bisexual. Porque, ¿Alguna vez se ha tratado de reflejar o de mostrar quién era bisexual? El más claro ejemplo de este hecho se encuentra en la figura de Freddie Mercury. Otro es el de Gloria Fuertes. Durante décadas, a la poeta española más destacada se la ha considerado como lesbiana. Sin embargo, ella misma se encargó en repetidas ocasiones de afirmar que amaba tanto a hombres como a mujeres, dedicando incluso poesía a ambos géneros.

Estas dos muestras son una pequeña representación de un estrato mucho más amplio e históricamente silenciado, a nivel parejo que el resto. Sin embargo, en el momento que se busca el reconocimiento encuentra las discrepancias en compañeros del movimiento. No siempre es así, pero tradicionalmente el colectivo de gays y lesbianas posee una mayor tradición que el bisexual y, por tanto, mayor representación. La situación que viven podría equipararse a la de las personas transexuales, aunque estas cuentan con su propia problemática de reconocimiento al margen. Esto da lugar a historias de personas donde el desconocimiento de su propia identidad sexual es todo una incógnita.

Este es el caso de Daniel. El es un chico normal, como otro cualquiera. Sin embargo, según relata, un día, se dio cuenta de que había algo en su vida que no estaba bien. “Sentía cosas por alguien que supuestamente no debería. Me decía a mí mismo que eso no era posible, que ya pasaría”. Pero no fue así. Lo que terminó sucediendo desembocó en un proceso de autoconocimiento y búsqueda de respuestas a lo que sentía. Sin la ayuda de sus padres, Daniel se cerró a un entorno más cercano de amigos y, a través de las redes, fue capaz de encontrar testimonios y argumentos que encajaban en su historia. Comenzaba a comprenderse mejor. Lo que Daniel relata es el proceso por el que tuvo que pasar para darse cuenta que sentir y desear algo por una persona del mismo sexo, aunque sea leve, no era nada malo. Al contrario, una muestra más de los deseos humanos, en esta ocasión, sin encajar en lo establecido por la sociedad.

“Prefería un hijo gay o una hija lesbiana antes que bisexual”. Estas son las palabras con las que Marta comparte la opinión de su entorno familiar. Su madre, no comprendía ni entendía que eso existiera, por lo que tuvo que pasar un tiempo educándose. Sin embargo, cuando se educó trató la situación con la mayor naturalidad posible. Como Daniel, su relato está marcado por el proceso de auto-aceptación. La falta de referentes es un claro problema, por eso se conoce muy poco esta orientación. Las opiniones y comentarios negativos, según cuenta, afectan de tal manera que se llega a creer que no existe, no es una opción: “En el momento que empiezas a plantearte que no eres heterosexual pasas por una etapa de confusión muy desagradable que podría evitarse si se normalizara la bisexualidad”, añade.

Quizá ese sea el principal problema que personas como Daniel o Marta tienen que hacer frente: su presencia en la sociedad. Para una persona bisexual es muy fácil caer en las garras de las etiquetas. Son peligrosas. Un ejemplo estaría en la relación existente entre un chica bisexual y otra lesbiana o un chico bisexual y otro gay. Existen comportamientos dentro del propio colectivo, tanto por parte de gays como de lesbianas de rechazo a los bisexuales. Tanto Daniel como Marta señalan que eso es lo que más duele, “que dentro de lo que se supone un colectivo seguro, donde todos somos hermanos/as suceda esto. Duele mucho”.

Pero esto no se queda en un ambiente personal y reducido. Las propias manifestaciones culturales, ya sean cine, series de televisión o videojuegos, en muchas ocasiones, no tienen cabida a personajes LGTB+ y, mucho menos, bisexuales. A pesar de esto, existen ciertos espacios donde esta realidad trata de hacerse hueco. Cada vez es más frecuente encontrar en plataformas como YouTube series con temática LGTB+. Aunque en algunos casos no representan al uso un personaje bisexual, ayudan a conformar una imagen de pertenecer al mundo.

El ejemplo sería la serie Carmilla. Esta serie se desarrolló íntegramente por YouTube y alcanzó una fama global, hasta el punto de contar con su propia película. La historia está basada en la novela de Sheridan Le Fanu. Quizá sea buen momento para señalar que la existencia de la temática vampírica tiene su origen en esta novela, con una protagonista femenina y lesbiana. Lo representativo de la serie Carmilla es la identidad sexual de cada una de las integrantes del elenco. Elise Bauman es una actriz canadiense y la encargada de dar vida a Laura Hollis en la serie Carmilla. Cuenta con varias participaciones en la Clexa Con, la mayor convención para la comunidad LGTB+ y sus posibles aliados.

Al final del día, se trata de una cuestión de ser reconocido por el mundo. Como bien señala el portar Golfxs con principios en una de sus entradas, la bisexualidad es invisible. Para llevar a cabo tal afirmación se apoyan en las presuposiciones que la gente realiza al ver por la calle a parejas de chico-chica, de dos chicas o chicos. Claro queda que nadie razona su identidad sexual. Nadie es capaz de identificar si son o no bisexuales. Sin embargo, muy pronto se presupone si son heterosexuales u homosexuales. Es cierto que no tiene por qué ser relevante o influir en el día a día, pero son este tipo de actos los que más daño terminan haciendo a las personas bisexuales.

 

Editado por: Javier García Ventura y Raúl Banqueri

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